miércoles, 16 de mayo de 2012

¿ABANDONADOS?

El milagro de la vida, como algunos lo llaman, es, o debería ser, un momento precioso en el que se espera el alumbramiento del ser que ha sido formado de dos seres que se aman profundamente y que han decidido unir sus vidas para siempre y que ahora desean disfrutar del regalo de ser padres. Así es, al menos, como fue diseñado. Pero, ya ves, en tan sólo unas horas de vida, este bebé ya conoce el rechazo de quien lleva su misma sangre, de quien le engendró. Durante nueve meses fue creciendo en las entrañas de su madre. Cuidado y protegido por un sin fin de procesos naturales que lo desarrollaron hasta prepararle para nacer. Pero llegado el momento más bonito, el más emotivo, el de conocer a quien durante todo ese tiempo le llevo dentro de ella misma, este bebé, es arrancado de los brazos de su madre, abandonado delante de una guardería, donde, irónicamente, cada día llegan niños en brazos de sus padres para pasar unas horas y luego volver a su hogar. Para este bebé, las cosas serán muy diferentes, él no estará ahí unas horas, él no esperará impaciente el regreso de su madre, él será llevado a otro lugar, esperando un alma compasiva que quiera ser para él, lo que quien biológicamente lo era, no ha sido capaz de ser.
No juzgo a esa pobre mujer que se ha sentido tan sobrepasada por las circunstancias, que ha creído que la única solución era abandonar a su bebé para que éste pudiera sobrevivir. Pero pienso en ese bebé, en su abandono y en qué será de él en un futuro. Quizás encuentre una familia que lo ame como si fuera suyo propio o quizás no. Quizás el día de mañana perdone a quién lo abandonó creyendo que esa era la única solución o quizás no. Quizás el día de mañana sea una persona sin complejos sin traumas o quizás no.
No lo sé, no sé quién será él o quién será su madre en unos años, si habrá sido capaz de perdonarse a sí misma y seguir adelante o si el remordimiento le destrozarán aun más que la separación. 
Pero hay algo que sí que sé. Hay algo de lo que tengo certeza. Y es que éste no era el plan de Dios. No fue con este fin con el que fuimos creados, no fue para sufrir todo esto para lo que Él nos dio la vida, sino para vivir tranquilos, para tener la seguridad de un mañana, de una vida sin fin, de una felicidad plena. Ese era el verdadero plan. Pero cuando todo falló, cuando los planes se desvanecieron sin un motivo lógico, Él creó otro plan. Este era más duro e incluía la muerte de un ser inocente, pero la recompensa era grandiosa, o al menos para Él: devolvernos la vida eterna, el cielo, restaurarnos del dolor y llevarnos de vuelta a su lado.
Este plan no era fácil, pero era la única solución. Por eso, mi Amigo, no se lo pensó, vino, vivió y murió para darnos vida a ti y a mi, para siempre.
Sé que esta historia es muy conocida por todos y para algunos no es más que un cuento, pero para mí, amigo mío, es mi razón de existir, es el motor de mi vida, es lo que me lleva cada día a levantarme pensando que no estoy sólo, que lo tengo a Él.
Al igual que ese bebé, a veces podemos sentirnos abandonados por todos, perdidos en este mundo, embarcados en un velero sin rumbo, pero no es así, Él tiene todo bajo control y no va a permitir que nadie le separe de ti. Créeme si te digo que mi Amigo volverá muy pronto y que no habrá nada que le haga más feliz que llevarte con Él a un lugar mejor y darte la vida para la que te creó. No lo dudes, Él no te ha abandonado.

lunes, 14 de mayo de 2012

EN SU INOCENCIA

Tan sólo tiene cinco años, pero la belleza es una parte fundamental de su vida. Desde muy pequeña ha visto como su madre se desvivía por estar morena, un color de piel que dista mucho del que ella en realidad posee. Si enciende el televisor verá como cientos de mujeres han conseguido cambiar el color de su tez porque carecen del que poseen quienes "son cool". Con tan sólo cinco años en su mente ya existe un baremo para medir lo bonito de lo feo, lo que está a la moda y lo que no, y lo que hay que hacer para ser la mejor.
En su interior ya existe el miedo por no ser aceptada si no eres lo que los demás esperan de ti. Por eso se sube al carro de los adultos y busca que su piel sea lo que no es. Seguramente también tema comer ciertos alimentos que pueden engordarle o ponerse x modelos que no resaltan lo mejor de cuerpo. Sólo tiene cinco años pero en su mente se ha perdido la inocencia de una niña para adelantarse al tiempo e intentar ser una mujer.
No intento decir, que los niños no deban jugar a ser adultos, ¿quién no lo ha hecho alguna vez? Cuántos de nosotros hemos soñado con ser iguales que papá y cuantas niñas se han vestido con las ropas de su madre para intentar estar tan guapas como ellas.
Pero es justamente esa inocencia la que les hace tan dulces y a la vez tan ingenuos, porque todos los padres sueñan con que sus hijos puedan ser mejor que ellos para que no sufran cometiendo sus mismos errores.
Esa es la belleza de la infancia, jugar a ser lo que no eres: mamá de una muñeca, conductor de un coche de micromachin, peluquera de sus peluches o constructor de Lego. Pero que lástima que nuestros niños de hoy en día no jueguen a intentar ser, sino que sean. Pero lo peor de todo, es que nosotros les dejamos que lo hagan.
Una vez, Alguien dijo que debemos ser como niños, tan inocentes y puros como ellos. Pero hasta eso se está cargando el enemigo. Y hoy en día, nuestros niños son una copia de los adultos y prefieren jugar con consolas a juegos de adultos, antes que salir a encorrerse con el pilla-pilla. Adelantan su adolescencia e intentan llegar a adultos cuando ni siquiera son capaces de mirar al futuro con certeza.
No critico a nadie, ¿qué puedo decir yo si no conozco los misterios de la paternidad? Sólo me gustaría instar a todo aquel que pueda a inspirar a nuestros a niños a ser lo que son: niños. A que disfruten tanto como lo hice yo, a que jueguen tanto o más que jugaron sus padres y sobretodo a que no pierdan la inocencia que los caracteriza y la que mi gran amigo Jesús engrandeció cuando estuvo en la tierra.

viernes, 11 de mayo de 2012

EL CAMINANTE

"Es un sin techo" pensé al ver a un hombre vagar por la carretera empujando un carrito. Le miré fijamente mientras lo adelantaba con mi coche. La lluvia caía abundantemente y mientras me alejaba de él, pensé en lo difícil que le tenía que estar siendo caminar así. Siguiendo un impulso de mi corazón, di media vuelta y me posicioné cerca de él. Le ofrecí llevarlo hasta un lugar mejor, no sabía hacia donde se dirigía, pero temí que con semejante chaparrón pudiera enfermar. Aunque vaciló durante unos instantes, subió rápidamente intentando que la calefacción calentara su frío cuerpo. La verdad es que nunca me he planteado que decir en este tipo de casos, así que empecé por lo típico: dónde se dirige. Fue muy fácil entablar una conversación, y este hombre en seguida me contó su historia. Yo pensaba que sería como todas esas que se oyen de gente arruinada por las drogas o deprimida por los problemas y que se han dejado llevar hasta acabar en esa situación. Pero no era así, este hombre de unos 50 o 60 años era un "caminante". Me contó que él había tenido un trabajo, una vida como la del resto del mundo, esa a la que todos llaman "normal", pero que un día, por diversas circunstancias, se cansó y decidió meter todo lo que necesitaba en un carro y empezar a caminar. Se había recorrido varias veces Europa en los quince años que llevaba ya caminando y había vivido un sin fin de experiencias. En mi ingenuidad pensé que quizás podría ayudarle con algo, pero me dijo que no necesitaba nada. Tras mucho insistir, me dijo que sus zapatos se le habían roto y que eso si que le vendría bien. Le deje esperando mientras subí a mi casa a por un par de zapatos y aproveché para coger unos pantalones, una chaqueta, algo de comida y una Biblia. Reconozco que al coger la ropa me di cuenta, quizás por primera vez, de cuanta ropa tengo y de que pocas veces lo agradezco. Pero cuando me acerqué a mi despacho a por la Biblia, la verdad es que dudé. Por un instante pensé si aquel hombre se sentiría ofendido o si me mandaría a freír espárragos, pero decidí, al menos intentarlo. Bajé hasta el coche y le ofrecí todos mis presentes. Pero aquel hombre me decía que no necesitaba tanto, tras mi insistencia, accedió a tomarlo todo salvo la chaqueta, pues me dijo que ya tenía dos y que no necesitaba más. ¡Que ironía! Y yo que a veces pienso que me falta ropa... Por último le ofrecí la Biblia, conjugando ya en mi cabeza la respuesta a su negativa. Pero su respuesta me fascinó: A una Biblia yo nunca le digo que no. Aquellas palabras tocaron mi corazón. ¿Cuántas veces yo le dicho que no a una Biblia? No me refiero a no aceptarla como regalo sino a no seguir los preceptos que ella me da. Cuántas veces he vivido mi vida como si la Biblia y sus promesas no existieran, como si ese libro no fuera más que un conjunto de ilustraciones bonitas con poco efecto en mis acciones. Llevé a ese hombre hasta la playa, pues es por ahí por donde él quería seguir su marcha. Nos despedimos y se fue. Pero sus palabras se grabaron en mi corazón: Nunca le digas que no a una Biblia. Pues no es un libro cualquiera, es el libro en el que se registra la verdadera historia, tanto su pasado como el futuro, pero sobre todo, es donde se registra el amor más grande, el más real, el de un Padre por sus hijos que volverá a buscarlos. Amigo, nunca le digas que no.

miércoles, 9 de mayo de 2012

ENTRE DOS EXTREMOS

Despedido, tras años de trabajo, con un porcentaje de ausencias por enfermedad de un 0%, daban igual tus dolores, nunca faltaste al trabajo porque tus padres te enseñaron que el deber era lo primero. Y ahora, con 50 años, te encuentras en la calle, con tres hijos, una hipoteca y la horrible incertidumbre de qué traerá el futuro.
Mientras me compadezco por este pobre hombre y por las luchas que atormentan su corazón, observo que el mundo no se para, que las cosas siguen exactamente igual que como estaban un segundo antes de que a este hombre se le desmoronara su realidad. Para los ricos, todo igual, fiestas y alfombras rojas. Alfombras sobre las que caminan sus pies calzados con zapatos cuyo precio es mayor que el próximo recibo de hipoteca de quienes no pueden pagarla.
Ellos celebrarán con caviar la fiesta de una noche en la que el lujo y la riqueza se han hecho evidentes entre los asistentes. Esta familia contará la cantidad de arroz cocinado para saber si con la comida que queda, podrán pasar el resto del mes.
Los invitados se mantendrán despiertos toda la noche entre risas, música y botellas de champán. Este hombre tampoco dormirá porque durante esa misma noche cavilará si hay algún lugar en el que necesiten a un hombre de su edad y experiencia.
A las seis de la mañana bajarán las persianas de mansiones en las que sus habitantes precisan dormir para paliar el sueño acarreado tras mantenerse despiertos celebrando. En esa casa, a esa misma hora, se levantarán las persianas intentando que a su vez se levante su esperanza y encuentren algo que les haga ver nuevamente la luz.
Dos extremos, está claro, y yo vivo entre ellos, igual que tú. Sé dónde estoy hoy, pero desconozco qué será de mi mañana. Observo la incertidumbre de los que me rodean, y compadezco sus penas y desgracias. No tengo solución para estos extremos, a pesar de que toda esta ironía me estremezca el alma. Pero es al triste mundo al que tenemos que enfrentarnos hoy en día.
No sé dónde estás tú, amigo mío. Quizás miras desde la barrera las circunstancias de tu vida, que no puedes cambiar. Quizás eres uno de esos privilegiados, que todavía tienen en su mano el poder de seguir adelante. Si es ese tu caso, déjame pedirte un favor. Mira a tu alrededor, no cierres los oídos de tu corazón y ayuda a todo aquel que lo necesite en la medida en que puedas hacerlo. Recuerda que Alguien dijo una vez que todo lo que hagas por uno más pequeño, por Él lo haces.
Y si tú eres quién está en la situación desesperada, no te enfrentes a ella sólo, coge fuerzas del único que realmente puede ayudarte. Su consuelo y su amor pueden calmar el corazón más destruido. Y le pido a mi Dios, que vuelva pronto y acabe con todo este sufrimiento de personas inocentes viviendo en un mundo entre dos extremos.

martes, 8 de mayo de 2012

SIMPLEMENTE VIVIR

"Juventud, divino tesoro". Esta frase ha acompañado a generaciones. Cada vez que alguien, en cuyos cabellos se ve la marca blanquecina del tiempo, se sienta a observar las destrezas de un cuerpo vigoroso y juvenil, salen estas palabras de sus labios con una melodía que mezcla la nostalgia y la experiencia ya vivida.
Así es, al menos, como suele ser. Aunque no es el caso de todos los jóvenes. Hay quienes ya, desde su juventud, conocen la amargura de la incertidumbre, del no saber si habrá un futuro, del miedo al porvenir. El cáncer, el gran asesino de este siglo XXI, esa palabra que hace que los pelos se te pongan de punta cuando la oyes pronunciar, aun cuando pueda ser una remota posibilidad.
Tienes toda tu vida por delante, sueños, expectativas, qué estudiarás, con quién te casarás, dónde vivirás, cuántos hijos tendrás... Una gran pirámide cimentada en el simple hecho de vivir. Vivir, que ironía, algo que nunca te has planteado, porque siempre lo has dado por hecho, pero ya ves, ahora un hombre de bata blanca te plantea la posibilidad de que eso no ocurra, de que quizás, tu presente es todo lo que tendrás. Y con este miedo, te enfrentas a tus amigos, a tus compañeros, sin saber hasta dónde llegarás. Leucemia, simple palabra para todo lo que encierra, ¿serás capaz de afrontarlo? Entre las muchas complicaciones del tratamiento, una de ellas, será que tu pelo fuerte y sano, empezará a caer cual hoja en otoño.
Y con todos estos pensamientos aturrullando tu cabeza, decides enfrentarte a un día más de universidad, pero allí descubres que en tu clase nadie tiene pelo, todos están igual que tú ¿porqué? porque te quieren, por que desean hacerte este momento más fácil, si es que es posible, porque anhelan que sepas, que no estás solo.
Y es sólo este pensamiento el que yo quiero compartir contigo. No estás solo. Aunque en la vida te enfrentes al miedo, a la incertidumbre, no estás solo. Cuentas con mucha gente que te quiere, aunque no me creas, mira a tu alrededor, seguro que hay cosas de las que aun no te has percatado, gente que mira por ti, que te aprecia y que ve en ti la grandeza de tu alma. 
Mas, si en algún momento sientes que la soledad inunda tu ser, nunca, jamás olvides que hay alguien que en todo momento vela por ti, por tus sueños, por tus miedos, por tus logros y por tus decepciones. Nunca, mi querido amigo, nunca olvides que Él dio su vida por ti, porque te ama, porque no se imagina la Eternidad sin tu compañía, porque para Él vales más tú, que su propia vida.
Nunca permitas, que el desasosiego te haga olvidar que cuentas con el Rey de reyes y Señor de señores. Y mientras tanto, mientras tengas la oportunidad de vivir en esta tierra, intenta demostrarle al mundo que hay gente que todavía se preocupa por lo demás y vive haciendo sonreír a todo aquel que pase por tu lado.

miércoles, 2 de mayo de 2012

CON MARCAS

Tan sólo tiene 25 años, pero su cuerpo está lleno de marcas que le recuerdan cómo ha sido su vida. En sus brazos, hay señales de pinchazos. Para el mundo, sólo significa que es una drogadicta más, ese tipo de persona del que siempre hay que huir porque quién sabe qué puede juntarte. Para ella, cada marca simboliza la imposibilidad de dejar algo en lo que puede encontrar unos momentos de paz. Para el resto, es una señal de debilidad, de dejadez, para ella, la señal de su adicción, de su perdición, de lo que cada día le recuerda que luchar, no vale la pena, que intentar salir adelante es sólo para los listos, para los que nunca se dejan vencer.
Si tan sólo fueran estas las únicas marcas de su cuerpo... Pero su interior también ha sido ultrajado. Ha dado lo más íntimo, lo más bello que ella tenía, pero no ha sido por amor, como sus amigas decían que un día lo harían, sino por "trabajo". Así es como se llama, trabajo. Ella da lo más bonito a cambio de unas monedas, a cambio de algo que le permita pagar su adicción, comer, sobrevivir. Hace mucho tiempo que ella ha olvidado sus sueños de ser alguien, de luchar, ahora sólo se deja llevar, como las hojas de otoño que vuelan de un lugar a otro sin un rumbo, sin una dirección.
Esa es su vida ahora mismo, una vida sin sentido. Y en un segundo, un hombre de los muchos que ha conocido, de los muchos que han sido cómplices de esa tristeza, de ese sin sentido, acaba con su vida. Dos puñaladas son el final de la historia de esta pobre joven cuya vida ha estado marcada por la desdicha.
Una vida sin sentido, que ironía... y eso que el Hijo de Dios murió justamente, para dar sentido a la vida. Para que nunca nos sintiéramos abandonados, para que nunca creyéramos que no había salida, para que nunca nos dejáramos llevar por el vacío.
Pienso en esa pobre chica y en todo lo que ella no sabía y no quiero que a ti no te pase lo mismo. No sé si tu vida ahora mismo es un sin fin de dudas, seguramente no hayas llegado al punto en que esta chica se encontraba, pero sea o no, déjame que cuente, que a pesar de lo que alguien pueda decirte por ahí, de tus miedos, de tus problemas, hay alguien que SIEMPRE vela por ti, hay alguien para quien tú eres una prioridad, para quien tus lágrimas son las suyas, para quien tu dolor es el suyo. Alguien que dio su vida por ti y quien sueña con reencontrarte para abrazarte.
Querido amigo, nunca estarás lo suficientemente lejos de Él como para no poder volver, recuerda, NUNCA. Estes donde estés, solamente mira al cielo y pídele que esté contigo y te prometo que nunca se separará de ti. No temas, Él cuida de ti.

domingo, 29 de abril de 2012

LO QUE NO SABÍAS

Toda tu vida ha sido un engaño, esa es la única conclusión a la que puedes llegar en un momento como este. Después de treinta años de tu vida, te das cuenta de que todo en lo que creías era mentira. Buscas en tus álbumes de fotos los recuerdos de tu infancia y recuerdas cuando eras un niño pequeño que soñaba con ser un día como su papá, recuerdas que fue él quien te enseñó a montar en bici y quien te decía que tenías que comerte toda la comidita para un día ser tan grande y fuerte como él. En tu memoria convergen los comentarios de vecinos y amigos mientras discutían si te parecías más a tu familia paterna o a la materna, si tu carácter generoso pero a veces malhumorado provenía de la genética de un lado u otro. Y así, uno a uno cada recuerdo te van poco a poco agrietando tu pobre corazón. Ahora todo en ti se tambalea, y sólo una pregunta resuena en tu mente: ¿porqué? Ahora crees que ya no sabes ni quién eres ni de dónde vienes ni a dónde vas. Te encuentras perdido por algo que ocurrió treinta años atrás y de lo que tú no sólo no eras consciente, sino que jamás lo hubieras imaginado.
Déjame, amigo mío, que yo dé respuesta a alguna de tus preguntas. A ti, que acabas de descubrir de donde vienes, y a ti, que siempre has sido conocedor de la verdad. Déjame que te explique, que detrás de lo aparente, de lo conocido, hay algo que se escapa del conocimiento de muchos y del entendimiento de todos. Tú eres mucho más que el hijo de padres terrenales, tú eres el hijo del Creador de los cielos y de la tierra. Tú fuiste ideado mucho antes de que tu madre te concibiera en su vientre, tú estás aquí porque Dios te ama tanto que dio a su Hijo para que te diera vida eterna. Tú eres el sueño hecho realidad de un Padre que te quiere y tú eres ahora mismo su instrumento para dar amor y consuelo a los que están a tu lado. Así que déjame que te resuma las respuestas a tus preguntas: ¿quién eres? Eres el hijo del Dios viviente; ¿de dónde vienes? De su creación, su mano te hizo; ¿A dónde vas? Al cielo, a vivir una eternidad a su lado.
Hay muchas preguntas que quizás en esta tierra por errores humanos, desconocerás, pero nunca jamás olvides que hay alguien que vela por ti, que te ama y que sólo anhela compartir su eternidad contigo.

viernes, 27 de abril de 2012

PERDONADO

Naces dentro de un rol completamente diferente al de los demás. Mientras los niñas sueñan con ser princesas, a ti, desde muy pequeño te obligan a ir a desfiles de las fuerzas armadas. Desde pequeño te explican que tú tienes mucha responsabilidad, porque tú, un día, serás rey.
Haces las cosas como crees o quieres hacerlas, pero hagas lo que hagas, todo se comenta. Si lo haces bien, hay quienes están en desacuerdo, pero si lo haces mal, todos irán a por ti. Hasta que un día, te encuentras a ti mismo, frente a un millón de cámaras y periodistas pidiendo perdón. Todos los periódicos se hacen eco de esta noticia: el Rey pide perdón.
Yo no voy a subirme al carro de aquellos que lo critican o lo defienden. Si él pide perdón, está claro que hasta él mismo sabe que hay algo que va mal. A donde yo quiero ir es a otro sitio. ¿No estás cansado de sentirte defraudado por aquellos que deberían estar velando por ti? Los políticos son cada vez más corruptos, el sistema cada vez más podrido, la gente cada vez más egoísta, incluso el rey de España pidiendo perdón porque se ha equivocado y bastante. ¿No piensas que merecemos algo mejor, alguien que se preocupe más por nosotros?
Yo solamente pienso en que hay otro Rey, uno más grande y poderoso, que nunca se equivoca, pero al que también juzgan y critican, a quien, se le lleva juzgando desde que el mundo empezó. Mi Rey, aquel a quien yo sirvo, hizo algo que lo diferencia de cualquier otro rey de este mundo. A pesar de ser el dueño y señor de todo, envió a su hijo a morir por ti y por mí, para darnos una vida mejor donde podremos disfrutar de su compañía para siempre. Él, a diferencia de los demás, creó este mundo con sus propias manos, con el mayor amor y cuidado, lo creó con detalle, haciendo aves majestuosas y otros animales increíbles. Él no hizo nada malo para que este mundo llegara a ser lo que hoy es, sino todo lo contrario. Y su único anhelo es que llegue el día en que podamos a reencontrarnos de nuevo. Piénsalo, puede parecer interesante. De verdad te digo que aún queda alguien que no te fallará jamás. Pruébalo por ti mism@

miércoles, 18 de abril de 2012

LO APARENTE

Era un sueño hecho realidad. Aunque ya conocían lo que era un barco, uno así no se había visto nunca. Compartirían la travesía con más de dos mil personas, aunque aquel barco considerado como "inhundible" estaba separado por clases sociales. Algo normal para ellos. Unos eran los ricos, otros los pobres; unos los que conseguían todo por ser quienes eran y otros quienes luchaban cada día por un nuevo logro; unos quienes vivían entre algodones y otros quienes buscaban entre el adobe un lugar al que llamar "hogar". Desde que eran jovenes alguien les enseñaba todas esas diferencias, y para ellos era algo tan normal en sus vidas como lo era ser ellos mismos.
Pero en un segundo, un tremendo choque contra un iceberg  asustó a ricos y pobres, a abogados y albañiles, a dueños y criados porque todos temían por su vida. Miraban atónitos pensando en ese simple trozo de hielo que había chocado contra el gran Titanic, aunque no había nada que temer, ya que como la gente decía "Este barco no lo hunde ni Dios". No hay que temer, todo irá bien, se decían para sus adentros. Pero la histeria empeoraba y los botes salva vidas empezaban a preparse. Separados por clases, fueron llenando los barquitos pequeños que les salvarían. Y mientras se alejaban en uno de ellos, observaban al "inhundible", hundirse y a ricos y pobres gritar desesperados. En esos momentos el dinero no podía salvar a los que no cabían, ni el trabajo a los que prohibieron montar en las barquitas. Mientras se alejaban miraban aquel iceberg, aparentemente tan pequeño pero que había sido capaz de hundir al gran Titanic. Alguien comentó: no creáis lo que veis, ese aparente pequeño trozo de hielo es mucho mayor, porque la parte que no se ve es el triple que la que se ve.
Hay momentos en la vida en que creemos, que ciertas cosas que hacemos son insignificantes, pequeñas como la punta de un iceberg, que apenas se ven, pero no es verdad. Porque hay cosas que hacemos que tienen trascendencia eterna. Alguien dijo que lo que hacemos en esta vida, tiene su eco en la eternidad, y es cierto. Cuando recuerdo mi infancia y la gente que tocó mi vida, sus actos significan mi eternidad, porque es gracias a ellos que hoy soy quien soy.  No te fijes en la apariencia de las cosas, porque, muchas veces, lo que no se ve es mucho mayor. Un simple iceberg hizo hundir al barco mejor diseñado del mundo.
No te digo que hundas a nadie, al revés, te insto a que los levantes. Las apariencias engañan, eso seguro que lo sabes. Pero amigo, engañan para lo bueno y para lo malo. Vive tu vida de manera que cuando la gente piense en ti, no crea que eres un engaño, sino que la parte que no se ve es mucho mejor, si cabe, que la que ven. Que tu apariencia no sea falsa, sino que la gente pueda verte por lo que realmente eres: un hijo de Dios.

martes, 27 de marzo de 2012

EN UN INSTANTE

Una mañana te diriges a la escuela como cada día. Has preparado el desayuno para tus hijos, te has enfadado con sus peleas y no te han hecho caso a nada. En tu mente un millón de cosas por solucionar. Cuando salgas del cole tendrás que hacer la compra y llegar antes que tu mujer a casa para cambiar la luz del salón que se rompió hace una semana. La hipoteca te quita el sueño. Si al final te reducen el salario será difícil pagarla y lo de renovar el coche será un tema a olvidar...
En fin, una mañana como otra cualquiera, como han sido desde el día que nacieron tus hijos, o desde que te casaste, o desde que empezaste a vivir por tu cuenta.
Y llegas al colegio, como cada día. Coges de la mano a tus hijos, uno a cada lado, para cruzar la calle, no sea que se lancen sin mirar y un coche les haga daño. Ya a salvo, cruzas la puerta y en tu mente convergen todas tus preocupaciones... y es ahí, justo en ese instante en el que un joven, por motivos desconocidos, decide terminar de escribir el libro de tu historia. 
Es ahí, justo ahí, donde se escribe el punto y final de un hombre normal, de preocupaciones normales y con sueños, que ya no podrá vivir, normales.
Es justo en ese instante, en el que se junta lo mortal y lo eterno, en el que se entremezcla el pasado, el presente y el futuro que ya no existe, en que yo me pregunto: ¿valió la pena? Todas sus luchas, todos sus logros, su sufrimiento, su felicidad, sus lágrimas, sus risas... cada momento que aquel hombre normal vivió en su vida ¿valieron la pena?
Ahora da igual si la hipoteca se pagará o no, si subirán o bajarán los sueldos, si la luz del comedor funciona o no..., ahora todo da igual porque su libro se ha cerrado.
Entonces yo ¿vivo la vida como si no hubiera futuro? ¡Carpe diem! No pidamos hipotecas, no tengamos hijos, no nos casemos, ni busquemos trabajo porque, total, puede que no exista un mañana, ¿para qué luchar? ¡No!
Vivamos cada día como si fuese el último, aferrémonos al único que puede todavía escribir un capítulo más cuando Satanás lo ha cerrado, el de la eternidad, el que ya nadie podrá acabar, en el que no existe maldad, donde todos los sueños se hacen realidad y donde podrás volver a abrazar a los que se han ido.
No te digo que vivas de manera inconsciente sólo que cuando te sumerjas en la locura de la vida, en lo bueno y en lo malo que ella nos da, recuerdes siempre que en tu libro puede haber un capítulo más. E intenta que todo aquel que esté a tu lado pueda ver en ti la diferencia y te pida la fórmula para conseguir ese punto y a parte: aceptar a Cristo como su Salvador personal.
¡Sé feliz amigo!