Era un sueño hecho realidad. Aunque ya conocían lo que era un barco, uno así no se había visto nunca. Compartirían la travesía con más de dos mil personas, aunque aquel barco considerado como "inhundible" estaba separado por clases sociales. Algo normal para ellos. Unos eran los ricos, otros los pobres; unos los que conseguían todo por ser quienes eran y otros quienes luchaban cada día por un nuevo logro; unos quienes vivían entre algodones y otros quienes buscaban entre el adobe un lugar al que llamar "hogar". Desde que eran jovenes alguien les enseñaba todas esas diferencias, y para ellos era algo tan normal en sus vidas como lo era ser ellos mismos.
Pero en un segundo, un tremendo choque contra un iceberg asustó a ricos y pobres, a abogados y albañiles, a dueños y criados porque todos temían por su vida. Miraban atónitos pensando en ese simple trozo de hielo que había chocado contra el gran Titanic, aunque no había nada que temer, ya que como la gente decía "Este barco no lo hunde ni Dios". No hay que temer, todo irá bien, se decían para sus adentros. Pero la histeria empeoraba y los botes salva vidas empezaban a preparse. Separados por clases, fueron llenando los barquitos pequeños que les salvarían. Y mientras se alejaban en uno de ellos, observaban al "inhundible", hundirse y a ricos y pobres gritar desesperados. En esos momentos el dinero no podía salvar a los que no cabían, ni el trabajo a los que prohibieron montar en las barquitas. Mientras se alejaban miraban aquel iceberg, aparentemente tan pequeño pero que había sido capaz de hundir al gran Titanic. Alguien comentó: no creáis lo que veis, ese aparente pequeño trozo de hielo es mucho mayor, porque la parte que no se ve es el triple que la que se ve.
Hay momentos en la vida en que creemos, que ciertas cosas que hacemos son insignificantes, pequeñas como la punta de un iceberg, que apenas se ven, pero no es verdad. Porque hay cosas que hacemos que tienen trascendencia eterna. Alguien dijo que lo que hacemos en esta vida, tiene su eco en la eternidad, y es cierto. Cuando recuerdo mi infancia y la gente que tocó mi vida, sus actos significan mi eternidad, porque es gracias a ellos que hoy soy quien soy. No te fijes en la apariencia de las cosas, porque, muchas veces, lo que no se ve es mucho mayor. Un simple iceberg hizo hundir al barco mejor diseñado del mundo.
No te digo que hundas a nadie, al revés, te insto a que los levantes. Las apariencias engañan, eso seguro que lo sabes. Pero amigo, engañan para lo bueno y para lo malo. Vive tu vida de manera que cuando la gente piense en ti, no crea que eres un engaño, sino que la parte que no se ve es mucho mejor, si cabe, que la que ven. Que tu apariencia no sea falsa, sino que la gente pueda verte por lo que realmente eres: un hijo de Dios.
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