martes, 27 de marzo de 2012

EN UN INSTANTE

Una mañana te diriges a la escuela como cada día. Has preparado el desayuno para tus hijos, te has enfadado con sus peleas y no te han hecho caso a nada. En tu mente un millón de cosas por solucionar. Cuando salgas del cole tendrás que hacer la compra y llegar antes que tu mujer a casa para cambiar la luz del salón que se rompió hace una semana. La hipoteca te quita el sueño. Si al final te reducen el salario será difícil pagarla y lo de renovar el coche será un tema a olvidar...
En fin, una mañana como otra cualquiera, como han sido desde el día que nacieron tus hijos, o desde que te casaste, o desde que empezaste a vivir por tu cuenta.
Y llegas al colegio, como cada día. Coges de la mano a tus hijos, uno a cada lado, para cruzar la calle, no sea que se lancen sin mirar y un coche les haga daño. Ya a salvo, cruzas la puerta y en tu mente convergen todas tus preocupaciones... y es ahí, justo en ese instante en el que un joven, por motivos desconocidos, decide terminar de escribir el libro de tu historia. 
Es ahí, justo ahí, donde se escribe el punto y final de un hombre normal, de preocupaciones normales y con sueños, que ya no podrá vivir, normales.
Es justo en ese instante, en el que se junta lo mortal y lo eterno, en el que se entremezcla el pasado, el presente y el futuro que ya no existe, en que yo me pregunto: ¿valió la pena? Todas sus luchas, todos sus logros, su sufrimiento, su felicidad, sus lágrimas, sus risas... cada momento que aquel hombre normal vivió en su vida ¿valieron la pena?
Ahora da igual si la hipoteca se pagará o no, si subirán o bajarán los sueldos, si la luz del comedor funciona o no..., ahora todo da igual porque su libro se ha cerrado.
Entonces yo ¿vivo la vida como si no hubiera futuro? ¡Carpe diem! No pidamos hipotecas, no tengamos hijos, no nos casemos, ni busquemos trabajo porque, total, puede que no exista un mañana, ¿para qué luchar? ¡No!
Vivamos cada día como si fuese el último, aferrémonos al único que puede todavía escribir un capítulo más cuando Satanás lo ha cerrado, el de la eternidad, el que ya nadie podrá acabar, en el que no existe maldad, donde todos los sueños se hacen realidad y donde podrás volver a abrazar a los que se han ido.
No te digo que vivas de manera inconsciente sólo que cuando te sumerjas en la locura de la vida, en lo bueno y en lo malo que ella nos da, recuerdes siempre que en tu libro puede haber un capítulo más. E intenta que todo aquel que esté a tu lado pueda ver en ti la diferencia y te pida la fórmula para conseguir ese punto y a parte: aceptar a Cristo como su Salvador personal.
¡Sé feliz amigo!

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