"Juventud, divino tesoro". Esta frase ha acompañado a generaciones. Cada vez que alguien, en cuyos cabellos se ve la marca blanquecina del tiempo, se sienta a observar las destrezas de un cuerpo vigoroso y juvenil, salen estas palabras de sus labios con una melodía que mezcla la nostalgia y la experiencia ya vivida.
Así es, al menos, como suele ser. Aunque no es el caso de todos los jóvenes. Hay quienes ya, desde su juventud, conocen la amargura de la incertidumbre, del no saber si habrá un futuro, del miedo al porvenir. El cáncer, el gran asesino de este siglo XXI, esa palabra que hace que los pelos se te pongan de punta cuando la oyes pronunciar, aun cuando pueda ser una remota posibilidad.
Tienes toda tu vida por delante, sueños, expectativas, qué estudiarás, con quién te casarás, dónde vivirás, cuántos hijos tendrás... Una gran pirámide cimentada en el simple hecho de vivir. Vivir, que ironía, algo que nunca te has planteado, porque siempre lo has dado por hecho, pero ya ves, ahora un hombre de bata blanca te plantea la posibilidad de que eso no ocurra, de que quizás, tu presente es todo lo que tendrás. Y con este miedo, te enfrentas a tus amigos, a tus compañeros, sin saber hasta dónde llegarás. Leucemia, simple palabra para todo lo que encierra, ¿serás capaz de afrontarlo? Entre las muchas complicaciones del tratamiento, una de ellas, será que tu pelo fuerte y sano, empezará a caer cual hoja en otoño.
Y con todos estos pensamientos aturrullando tu cabeza, decides enfrentarte a un día más de universidad, pero allí descubres que en tu clase nadie tiene pelo, todos están igual que tú ¿porqué? porque te quieren, por que desean hacerte este momento más fácil, si es que es posible, porque anhelan que sepas, que no estás solo.
Y es sólo este pensamiento el que yo quiero compartir contigo. No estás solo. Aunque en la vida te enfrentes al miedo, a la incertidumbre, no estás solo. Cuentas con mucha gente que te quiere, aunque no me creas, mira a tu alrededor, seguro que hay cosas de las que aun no te has percatado, gente que mira por ti, que te aprecia y que ve en ti la grandeza de tu alma.
Mas, si en algún momento sientes que la soledad inunda tu ser, nunca, jamás olvides que hay alguien que en todo momento vela por ti, por tus sueños, por tus miedos, por tus logros y por tus decepciones. Nunca, mi querido amigo, nunca olvides que Él dio su vida por ti, porque te ama, porque no se imagina la Eternidad sin tu compañía, porque para Él vales más tú, que su propia vida.
Nunca permitas, que el desasosiego te haga olvidar que cuentas con el Rey de reyes y Señor de señores. Y mientras tanto, mientras tengas la oportunidad de vivir en esta tierra, intenta demostrarle al mundo que hay gente que todavía se preocupa por lo demás y vive haciendo sonreír a todo aquel que pase por tu lado.
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