Despedido, tras años de trabajo, con un porcentaje de ausencias por enfermedad de un 0%, daban igual tus dolores, nunca faltaste al trabajo porque tus padres te enseñaron que el deber era lo primero. Y ahora, con 50 años, te encuentras en la calle, con tres hijos, una hipoteca y la horrible incertidumbre de qué traerá el futuro.
Mientras me compadezco por este pobre hombre y por las luchas que atormentan su corazón, observo que el mundo no se para, que las cosas siguen exactamente igual que como estaban un segundo antes de que a este hombre se le desmoronara su realidad. Para los ricos, todo igual, fiestas y alfombras rojas. Alfombras sobre las que caminan sus pies calzados con zapatos cuyo precio es mayor que el próximo recibo de hipoteca de quienes no pueden pagarla.
Ellos celebrarán con caviar la fiesta de una noche en la que el lujo y la riqueza se han hecho evidentes entre los asistentes. Esta familia contará la cantidad de arroz cocinado para saber si con la comida que queda, podrán pasar el resto del mes.
Los invitados se mantendrán despiertos toda la noche entre risas, música y botellas de champán. Este hombre tampoco dormirá porque durante esa misma noche cavilará si hay algún lugar en el que necesiten a un hombre de su edad y experiencia.
A las seis de la mañana bajarán las persianas de mansiones en las que sus habitantes precisan dormir para paliar el sueño acarreado tras mantenerse despiertos celebrando. En esa casa, a esa misma hora, se levantarán las persianas intentando que a su vez se levante su esperanza y encuentren algo que les haga ver nuevamente la luz.
Dos extremos, está claro, y yo vivo entre ellos, igual que tú. Sé dónde estoy hoy, pero desconozco qué será de mi mañana. Observo la incertidumbre de los que me rodean, y compadezco sus penas y desgracias. No tengo solución para estos extremos, a pesar de que toda esta ironía me estremezca el alma. Pero es al triste mundo al que tenemos que enfrentarnos hoy en día.
No sé dónde estás tú, amigo mío. Quizás miras desde la barrera las circunstancias de tu vida, que no puedes cambiar. Quizás eres uno de esos privilegiados, que todavía tienen en su mano el poder de seguir adelante. Si es ese tu caso, déjame pedirte un favor. Mira a tu alrededor, no cierres los oídos de tu corazón y ayuda a todo aquel que lo necesite en la medida en que puedas hacerlo. Recuerda que Alguien dijo una vez que todo lo que hagas por uno más pequeño, por Él lo haces.
Y si tú eres quién está en la situación desesperada, no te enfrentes a ella sólo, coge fuerzas del único que realmente puede ayudarte. Su consuelo y su amor pueden calmar el corazón más destruido. Y le pido a mi Dios, que vuelva pronto y acabe con todo este sufrimiento de personas inocentes viviendo en un mundo entre dos extremos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario