lunes, 14 de mayo de 2012

EN SU INOCENCIA

Tan sólo tiene cinco años, pero la belleza es una parte fundamental de su vida. Desde muy pequeña ha visto como su madre se desvivía por estar morena, un color de piel que dista mucho del que ella en realidad posee. Si enciende el televisor verá como cientos de mujeres han conseguido cambiar el color de su tez porque carecen del que poseen quienes "son cool". Con tan sólo cinco años en su mente ya existe un baremo para medir lo bonito de lo feo, lo que está a la moda y lo que no, y lo que hay que hacer para ser la mejor.
En su interior ya existe el miedo por no ser aceptada si no eres lo que los demás esperan de ti. Por eso se sube al carro de los adultos y busca que su piel sea lo que no es. Seguramente también tema comer ciertos alimentos que pueden engordarle o ponerse x modelos que no resaltan lo mejor de cuerpo. Sólo tiene cinco años pero en su mente se ha perdido la inocencia de una niña para adelantarse al tiempo e intentar ser una mujer.
No intento decir, que los niños no deban jugar a ser adultos, ¿quién no lo ha hecho alguna vez? Cuántos de nosotros hemos soñado con ser iguales que papá y cuantas niñas se han vestido con las ropas de su madre para intentar estar tan guapas como ellas.
Pero es justamente esa inocencia la que les hace tan dulces y a la vez tan ingenuos, porque todos los padres sueñan con que sus hijos puedan ser mejor que ellos para que no sufran cometiendo sus mismos errores.
Esa es la belleza de la infancia, jugar a ser lo que no eres: mamá de una muñeca, conductor de un coche de micromachin, peluquera de sus peluches o constructor de Lego. Pero que lástima que nuestros niños de hoy en día no jueguen a intentar ser, sino que sean. Pero lo peor de todo, es que nosotros les dejamos que lo hagan.
Una vez, Alguien dijo que debemos ser como niños, tan inocentes y puros como ellos. Pero hasta eso se está cargando el enemigo. Y hoy en día, nuestros niños son una copia de los adultos y prefieren jugar con consolas a juegos de adultos, antes que salir a encorrerse con el pilla-pilla. Adelantan su adolescencia e intentan llegar a adultos cuando ni siquiera son capaces de mirar al futuro con certeza.
No critico a nadie, ¿qué puedo decir yo si no conozco los misterios de la paternidad? Sólo me gustaría instar a todo aquel que pueda a inspirar a nuestros a niños a ser lo que son: niños. A que disfruten tanto como lo hice yo, a que jueguen tanto o más que jugaron sus padres y sobretodo a que no pierdan la inocencia que los caracteriza y la que mi gran amigo Jesús engrandeció cuando estuvo en la tierra.

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